El cine, el patio de butacas. Una pantalla iluminada donde pasan una película, tus ojos ven, tu cerebro procesa pero todo se queda ahí.
Te emocionas, té indignas, chillas. Pero no puedes hacer nada más, eres un simple espectador y allí estas impotente sin poder intervenir en lo que ves.
Un simple e impotente espectador, que se convierte en un triste espectador cuando lo que tienes delante no es ficción si no la vida que pasa delante de ti.
Quieres intervenir pero ya no depende de ti, no puedes hacer nada, eres un espectador. Solo miras y esperas que todo pase, rezas a quien sea o en quien creas, te gustaría que todo acabase bien, pero la razón te dice lo contrario, no siempre hay finales felices.
En poco tiempo, he vivido demasiadas películas como espectador, no quiero ver más, pero se que no puedo elegir.
Afortunadamente, todas han acabado bien - por ahora -, si estuviera en un cine saldría y no volvería a entrar nunca más. Pero la vida no te permite dejar su sala, sigues allí.
Siempre tienes el consuelo de una bolsa de palomitas.
La luna siempre ha estado presente en momentos importantes de mi vida, es una buena amiga.
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miércoles, 14 de marzo de 2007
viernes, 23 de febrero de 2007
Una mano...

... una vida que descubrir.
... un afecto que recoger.
... un mundo que recorrer.
Poder tocar su mano, poder reseguir sus líneas, saborear su calor, notar su suavidad con las yemas de mis dedos.
Una mano, su mano. Un mundo, mi vida.
Mi afecto, su afecto, y nuestro amor por encima de todo.
Pronto mi amiga, la luna, vendrá vergonzosa, con la cara velada durante unos instantes para mostrarnos luego su esplendor, se acerca la luna llena y con ella un bonito eclipse.
Entrelazar nuestros dedos después de ese momento especial.
Cogerla fuerte para superar las situaciones más duras.
Jugar con ella en momentos íntimos.
Cogerla fuerte para superar las situaciones más duras.
Jugar con ella en momentos íntimos.
Una mano, su mano. Un mundo, mi vida.
Mi afecto, su afecto, y nuestro amor por encima de todo.
Pronto mi amiga, la luna, vendrá vergonzosa, con la cara velada durante unos instantes para mostrarnos luego su esplendor, se acerca la luna llena y con ella un bonito eclipse.
lunes, 5 de febrero de 2007
No tan solo
Cuando estaba solo, nada temía, me enfrentaba a mil peligros, me lanzaba a conquistar el mundo sin miedo, sin responsabilidades. Solo era yo, yo contra el mundo y si el mundo no me quería, me importaba bien poco. Él se lo perdía. Era el único dueño de mi destino.Pero cuando mi corazón se llenó, algo cambio. Me enfrentaba a mil peligros, me lanzaba a conquistar el mundo, pero tenia miedo, no por mí, si no un miedo egoísta, un miedo a que mi corazón se desbordase y volviese a quedar vacío.
Cuando Ella me encontró, cambié, mi amor debilitó mi valentía, empecé a sentir miedo, a sentir miedo por perderla, no por que se fuera, era libre de irse, si no por que le pasase algo. Miedo de saber que podría irse de este mundo.
Si, lo reconozco, tengo miedo de lanzarme a tumba abierta con mi bicicleta por esa bajada, miedo por lo que le pueda pasar.
Una sala de espera, un momento de incertidumbre, un hospital, ... que pequeño, indefenso e inútil me sentí. Que momento de debilidad, pero que gran momento, en él me di cuenta de lo afortunado que soy.
Pero eso doy gracias por mi debilidad, doy gracias por tener mi corazón lleno a rebosar, doy gracias por tenerla conmigo, por seguir compartiendo esta vida con ella, y si he de dejar mi bicicleta y bajar andando, me es igual mientras Ella siga a mi lado.
Gracias a todos por vuestro apoyo.
lunes, 29 de enero de 2007
Mirar atrás
Estaba sobre dos ruedas, preparado, sin casco, por que en esa época no se estilaba, tenia los nervios a flor de piel.Un empujón, la bicicleta empezó a moverse, intentaba aguantar el equilibrio, pedaleaba. Cuando de repente una voz a mis espaldas dijo: Sobretodo, no mires atrás!. Me gire para mirar quien lo decía. Un arbusto se puso en mi camino, y todavía no tengo muy claro quien acabó peor, si él o yo.
Este fue mi primer intento y casi último de montar en bicicleta. Después de esa han venido muchas caídas pero seguro que no por mirar hacia atrás.
Ese día aprendí una gran lección sobre la vida, aunque era muy pequeño para saberlo.
Vivir es como ir en bicicleta, cuando estás en marcha, no es bueno mirar atrás, puedes tropezar y caer. Haz de ir con la vista al frente para ir viendo lo que te depara camino y poder manejar tu bicicleta.
Solo hay unos pequeños momentos en los que se permite mirar atrás. Cuando necesitas hacer un descanso, cuándo llegas a un mirador, cuando te paras. Entonces es momento de ver lo que has recorrido hacer un repaso de lo que se ha hecho y partir de él volver a ponerse en marcha con nuevas fuerzas.
La semana que viene es luna llena, un buen momento para parar la bici y ver el camino que llevo hecho. También un buen momento para hablar con mi vieja amiga.
Es curioso que el día que hay luna llena, será un día que necesitare un gran apoyo moral, es curioso que esa noche que pasaré solo - Ella estará lejos de mí - mi amiga se acerque a verme. Coincidencias que tiene la vida, tal vez.
martes, 2 de enero de 2007
Se fue
Una caída, una triste y maldita caída la víspera de Navidad. No parecía ser nada hasta que el dolor fue en aumento y no se podía mover.La única solución fue acudir a urgencias al Hospital, era nochebuena y pocos servicios médicos había, un hospital curioso lugar donde depositamos nuestras esperanzas en los peores momentos.
Paso la nochebuena en una sala blanca, la familia a unos metros, separados por una fría pared, esperaba saber de su destino. Era la primera que pasaba sin su familia, rodeada de extraños.
Todo fueron buenas palabras, no es nada algo rutinario, se pondrá bien, ahora la trasladaremos a planta, palabras de esperanza que reconfortaban.
Solo había un obstáculo, una simple operación, un clavo que poner en una pierna, algo fácil y rápido. No había de representar ningún problema, tal vez que tendría que llevar bastón el resto de su vida.
La operación se retrasó por culpa de una infección, mientras tanto su mente se iba yendo, poco a poco, presagiando lo que iba a venir.
Dos días después, llegó la operación, no fue rápida, salió dormida, aparentemente tranquila, lo que nadie sabía es que no volvería a despertar. La operación le causo un coma. Perdió demasiada sangre. No fue fácil.
Fueron unos días de locura, sufrimiento, estar pendientes de un teléfono.
El 31 de diciembre acabo el año, y con el se fue ella, para no volver más.
Mi último recuerdo, decirle hasta mañana mientras le ataba un brazo a la cama para que no se arrancase la sonda. Sus palabras en medio del desvarió: no me ates.
No pudimos volver a decirnos nada más.
La ironía: con su marcha consiguió lo que hacia tiempo que no pasaba, reunió a la familia a su alrededor, lo que no pudo tener en vida lo tuvo ahora. Tarde pero lo tuvo:
Reunió a la familia en Navidad.
La navidad me entristece, ya falta poco, espero salir de otra, y no acabar devorado por mis pensamientos.
El miércoles es luna llena, me refugiaré en sus brazos.
viernes, 22 de diciembre de 2006
Te debía un adiós

Te fuiste en Navidad, sin decírselo a nadie, sin avisar.
Llegó el momento y simplemente te fuiste, para no volver.
No pudimos despedirnos, al menos no como tendría que haber sido.
Los que nos quedamos te echamos a faltar, veíamos tu sillón vacío y no podíamos entender el motivo de tu partida.
Las cosas que dejastes, nos recordaban tu presencia, hacían que por pequeños instantes, pero felices, volvieses a estar con nosotros.
Ya han pasado muchos años, tenemos muchas cosas que explicarte, cosas que no has vivido con nosotros pero que nos hubiera gustado mucho que vivieras. Cosas que pensamos explicarte, porqué nuestro corazón aun alberga la vana esperanza de que un día volverás.
Adiós, por el adiós que no pude decirte en su momento.
Adiós, por lo que te quería y por lo que tú me querías.
Adiós, pero hasta pronto por que sé, dentro de mí, que algún día nos volveremos a encontrar.
Si esto fuera de papel ahora estaría todo humedecido, me ha costado escribirlo, las lagrimas iban brotando en cada línea.
Llegó el momento y simplemente te fuiste, para no volver.
No pudimos despedirnos, al menos no como tendría que haber sido.
Los que nos quedamos te echamos a faltar, veíamos tu sillón vacío y no podíamos entender el motivo de tu partida.
Las cosas que dejastes, nos recordaban tu presencia, hacían que por pequeños instantes, pero felices, volvieses a estar con nosotros.
Ya han pasado muchos años, tenemos muchas cosas que explicarte, cosas que no has vivido con nosotros pero que nos hubiera gustado mucho que vivieras. Cosas que pensamos explicarte, porqué nuestro corazón aun alberga la vana esperanza de que un día volverás.
Adiós, por el adiós que no pude decirte en su momento.
Adiós, por lo que te quería y por lo que tú me querías.
Adiós, pero hasta pronto por que sé, dentro de mí, que algún día nos volveremos a encontrar.
Si esto fuera de papel ahora estaría todo humedecido, me ha costado escribirlo, las lagrimas iban brotando en cada línea.
viernes, 1 de diciembre de 2006
Hacerse mayor
Dicen que es ley de vida, una de las más duras. Todos nacemos, crecemos y finalmente morimos.
Es un hecho que se ha de aceptar, y con tranquilidad y mucha calma, no cuesta mucho asumirlo. Nuestro tiempo en este mundo esta limitado, es finito. En algún momento desaparecemos dejando detrás de nosotros los frutos, buenos o malos que hayan surgido en nuestra vida. Aunque algunos se nieguen a creerlo en algún momento habremos de morir.
Si este hecho se asume, la muerte no tendría que ser más que un puro tramite, lo importante y lo único que debería importar seria como vivimos.
Me estoy desviando mucho, volvamos al titulo de este post, hacerse mayor. Hacerse mayor no tendría que ser ningún problema. Es nuestro destino y lo cumplimos lo mejor que podemos.
Pero en este punto a mí me surge un problema, el hecho de hacerme mayor no me preocupa, lo que me preocupa y me desmonta es cuando me doy cuenta de que el resto del mundo también se hace mayor.
Las personas que te rodean envejecen y empiezas a ser consciente de que alguna vez dejarán de existir. Se convertirán en un recuerdo de tu vida, bueno o malo, pero recuerdo. Lo que te rodea envejece y va desapareciendo, tu vida se va desmontando y toda ella se va transformando en un recuerdo, un gran recuerdo que al final desaparecerá contigo, cuando ya formes con un poco de suerte de los recuerdos de otras personas que se están haciendo mayores.
Se acerca Navidad, es una época que me pone triste, espero que no se note mucho. Espero que la luna llena me dé ánimos.
Es un hecho que se ha de aceptar, y con tranquilidad y mucha calma, no cuesta mucho asumirlo. Nuestro tiempo en este mundo esta limitado, es finito. En algún momento desaparecemos dejando detrás de nosotros los frutos, buenos o malos que hayan surgido en nuestra vida. Aunque algunos se nieguen a creerlo en algún momento habremos de morir.
Si este hecho se asume, la muerte no tendría que ser más que un puro tramite, lo importante y lo único que debería importar seria como vivimos.
Me estoy desviando mucho, volvamos al titulo de este post, hacerse mayor. Hacerse mayor no tendría que ser ningún problema. Es nuestro destino y lo cumplimos lo mejor que podemos.
Pero en este punto a mí me surge un problema, el hecho de hacerme mayor no me preocupa, lo que me preocupa y me desmonta es cuando me doy cuenta de que el resto del mundo también se hace mayor.
Las personas que te rodean envejecen y empiezas a ser consciente de que alguna vez dejarán de existir. Se convertirán en un recuerdo de tu vida, bueno o malo, pero recuerdo. Lo que te rodea envejece y va desapareciendo, tu vida se va desmontando y toda ella se va transformando en un recuerdo, un gran recuerdo que al final desaparecerá contigo, cuando ya formes con un poco de suerte de los recuerdos de otras personas que se están haciendo mayores.
Se acerca Navidad, es una época que me pone triste, espero que no se note mucho. Espero que la luna llena me dé ánimos.
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