Pasan los días. La pereza se embarca en mi ser. Se esta tan bien es este oasis.
Pero la vida continua. Se ha de seguir el camino. Allí afuera, en ese desierto, me esperan los problemas, me espera mi vida.
Estos días de paz se han acabado.
La luna siempre ha estado presente en momentos importantes de mi vida, es una buena amiga.
Pasan los días. La pereza se embarca en mi ser. Se esta tan bien es este oasis.
Pero la vida continua. Se ha de seguir el camino. Allí afuera, en ese desierto, me esperan los problemas, me espera mi vida.
Estos días de paz se han acabado.

Ahí están, han cruzado fugazmente mi mente, como cintas de colores que expande el viento en todas las direcciones. Pero hay una que destaca entre las otras. Una pequeña e inquieta idea.
Las once de la noche, en un autocar medio vacío.
Hace tiempo, tal vez demasiado, fui con mi mentor a una feria, estábamos de fiesta mayor y se había instalado una en el barrio.
Aquí estoy, delante de la pantalla aporreando a unas pobres teclas que no tienen nada que ver con lo que me pasa, o ¿tal vez sí?




Eso me repetía muchas veces mi mentor, cuando me quejaba de mis problemas, a esas edades no entendía a que se refería. Solo tenia mis problemas que para mí ya eran importantes.Con el tiempo y la experiencia llegue a entenderle, la mayoría de mis problemas podían ser simples caprichos para una gran cantidad de gente.

La luz ya esta encendida, y aunque pequeña, alumbra nuestra vida como nunca nos hubiéramos imaginado.
La esperanza llena nuestro corazón, y nos hace entrever una nueva etapa de nuestra vida tanto individual como de pareja.
Es prematuro para anunciarlo a los cuatro vientos, aun falta recorrer un largo camino, pero no es prematuro para explicaros lo felices que están nuestros corazones.


