Había llegado al final del sendero, delante de él se abría un precipicio, detrás suyo una lengua de lava avanzaba hacia su posición devorando el camino por el que había venido. Si se quedaba allí moriría seguro, pero la opción que le quedaba no era mejor.
Observo las paredes del precipicio, demasiado lisas para bajar por ellas.
Sus opciones se resumían en saltar o esperar a la lava. Nunca había sido persona de no hacer nada así que sin pensárselo dos veces salto.
Mientras caía, hizo un repaso de como había llegado hasta allí. Había valido la pena no se arrepentía de nada.
El suelo se iba acercando.
Tenia claro que se encaminaba a una muerte segura. Por encima de él vio como la lava había llegado al precipicio y se desbordaba por él.
Sonrío, había conseguido unos segundos más de vida.
Una frase le vino a la cabeza: "morir debe ser una gran aventura". ¿Donde la había oído?. No, ¿donde la había leído? ... “Las aventuras de Peter Pan”. Lastima que no tuviese una Campanilla para que lo hiciese volar.
Si seria una gran aventura, allí estaba él delante de su destino. Dueño de su destino al haber podido elegir.
El suelo, ya a pocos metros, se acercaba ...
La aventura de morir empieza cuando nacemos, es nuestra mayor aventura y dura toda una vida.





